Cuarto día
Novena en preparación a la Solemnidad de san José
V. Reunidos para la celebración a esta fiesta de san José, nuestro protector, consideremos, queridos hermanos, su vocación única y sin igual como esposo de María Santísima y como padre de Jesús, y por intercesión de él pidamos al Señor poder comprender nosotros también, más profundamente nuestra vocación y misión.
Lecturas:
Mateo 2, 13-16.
13 Después que ellos se retiraron, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: « Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto; y estate allí hasta que yo te diga. Porque Herodes va a buscar al niño para matarle. »
14 El se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se retiró a Egipto;
15 y estuvo allí hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliera el oráculo del Señor por medio del profeta: De Egipto llamé a mi hijo.
16 Entonces Herodes, al ver que había sido burlado por los magos, se enfureció terriblemente y envió a matar a todos los niños de Belén y de toda su comarca, de dos años para abajo, según el tiempo que había precisado por los magos.
JOSÉ, CUSTODIO DE LA SAGRADA FAMILIA: del libro “José de Nazaret”Por Bernard Martelet.
Después de la partida de los Reyes Magos, un Ángel se aparece a san José, en sueños y le dice: “levántate, toma contigo al Niño y a su madre, y huye a Egipto, y quédate allá hasta que yo te advierta, porque Herodes está buscando al Niño para matarle” (Sn. Mateo 2,13).
En esta circunstancia trágica, José demuestra ser verdadero responsable de la Sagrada Familia. El Ángel trata con él porque es el responsable de la Madre y el Niño. Dios tiene confianza en él; pone en él una confianza sin límites.
El Ángel le ordena huir a Egipto. Es el mismo quien meses antes le había dicho: “El salvara a su pueblo de sus pecados”.
Aquel Niño es el Salvador, pero en ese momento tiene que huir de noche.
San Juan Crisóstomo lo explicaba así a sus oyentes: San José hubiera tenido toda la razón de asombrarse por las contradicciones contenidas en las palabras del Ángel. Hubiera podido decir: “Este asunto no está claro; hace poco me decías que El habría salvado a su pueblo, y ahora no puede liberarse a Sí mismo del peligro. Debemos huir, aventurarnos en un largo viaje, exiliados en tierra extranjera, y en contra de las promesas…”. Crisóstomo sigue diciendo: “José no puso objeciones. No se desanimo. Obedeció de corazón. Confió, aceptando con gozo toda clase de tribulaciones.
Juan Crisóstomo es uno de los Santos Padres que mejor comprendió la personalidad de san José. El no duda en presentarlo no solo resignado al exilio, sino dispuesto a aceptarlo de corazón. Y todo eso porque él era un hombre de confianza, un hombre que confiaba en Dios, y del cual Dios podía confiar. El Señor le dice que vaya a Egipto; él está convencido que Dios sabrá sacar el bien del mal.
José era un hombre positivo y que vivía en alerta de la Palabra de Dios; supo entender que las palabras del Ángel no eran contradictorias, sino plenamente coherentes.
Lo que san Juan Crisóstomo dice de Ssan José:”El acepta de buena gana”, se debe decir igualmente de María. Juntos soportaron las dificultades del viaje. Sufrir cuando se ama y sufrir para quien se ama, se vuelve fácil y hasta deseable. Para ellos se realizo plenamente la palabra de san Agustín: “cuando se ama no se percibe el cansancio, o si se percibe, al cansancio se le ama”.
Preces:
- Celebrando con devoción y fervor la fiesta de san José, esposo de la Virgen y padre de Jesús abramos nuestros corazones a Dios con fe y digamos:
- Por la santa Iglesia de Dios: para que respalda por el amparo de san José, pueda cumplir fielmente su misión de salvación del mundo entero.
- Por los sacerdotes y religiosos de todo el mundo; para que imitando a san José comprendan y vivan con fidelidad su noble vocación para gloria de Dios y salud de las almas.
- Por nuestras familias: para que imiten los ejemplos de la Sagrada Familia de Nazaret.
Oración:
Oh Dios, que en tu inefable providencia te has dignado escoger a san José Patrono de la Iglesia universal, concédenos experimentar como intercesor en el cielo a quien veneramos como protector en la tierra, por Cristo nuestro Señor. Amén.
O bien
Que el esposo de la Santísima Madre de Dios nos venga en ayuda con sus méritos y cuanto solos no podemos conseguir, lo alcancemos por su intercesión. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
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