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  San José
Noveno día

Novena en preparación a la Solemnidad de san José

V. Reunidos para la celebración a esta fiesta de san José, nuestro protector, consideremos, queridos hermanos, su vocación única y sin igual como esposo de María Santísima y como padre de Jesús, y por intercesión de él pidamos al Señor poder comprender nosotros también, más profundamente nuestra vocación y misión.
Lecturas:
Mateo 13, 1-3. 53-55.
1 Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó a orillas del mar.
2 Y se reunió tanta gente junto a él, que hubo de subir a sentarse en una barca, y toda la gente quedaba en la ribera.
3 Y les habló muchas cosas en parábolas. Decía: « Una vez salió un sembrador a sembrar.
53 Y sucedió que, cuando acabó Jesús estas parábolas, partió de allí.
54 Viniendo a su patria, les enseñaba en su sinagoga, de tal manera que decían maravillados: « ¿De dónde le viene a  éste esa sabiduría y esos milagros?
55 ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas?

SAN JOSÉ, HOMBRE DE TRABAJO: Del discurso del Papa Pablo VI a los trabajadores, 19 de Marzo de 1964.
Celebramos hoy, la fiesta de san José, Patrono de la Iglesia Universal. Es una fiesta que interrumpe la meditación austera y apasionada de la cuaresma, concentrada toda en la meditación del misterio de la Redención, y en la aplicación de la disciplina espiritual. Es una fiesta que nos hace reflexionar sobre otro misterio del Señor: Su Encarnación; y nos invita a pensar en El, en las escenas pobres, suaves, humanísimas, las escenas evangélicas de la Familia de Nazaret.

La Virgen aparece en el humilde cuadro evangélico; cerca de ella san José; entre ellos Jesús. Nuestros ojos, nuestra devoción se detienen hoy, sobre san José el carpintero silencioso, laborioso, que dio a Jesús no la vida sino el estado civil, la categoría social, la condición económica, la experiencia profesional, el ambiente familiar, la educación humana.
Habrá que analizar bien esta relación entre José y Jesús, porque nos puede hacer comprender muchas cosas del designio de Dios quien viene a este mundo entre los hombres; pero, al mismo tiempo es su Maestro y Salvador. Por cierto, es verdad que san José asume una gran importancia si de verdad el hijo de Dios hecho hombre, le escoge para revestirse de su aparente filiación.

A Jesús le llamaban “Hijo del carpintero” (Sn. Mateo 13, 55), y el carpintero era José. Jesús, el Cristo, ha querido asumir su calificación humana y social de este obrero, de este trabajador, que era ciertamente un hombre bueno, tanto que el Evangelio le llama Justo (Sn. Mateo 1, 19), o sea bueno, optimo, y que, por lo tanto se convierte, frente a nosotros, en el hombre perfecto, modelo de toda virtud, del santo.

Es más, la misión que san José ejerce en la escena evangélica no es solo la de una persona ejemplar e ideal; es una misión ejercida a lado y sobre Jesús: creerán que él es el padre de Jesús (Sn. Lc. 3, 23), será el protector, su defensor. Por esto la Iglesia, que no es sino el Cuerpo Místico de Cristo, ha declarado a san José como su Protector, y como tal le venera el día de hoy, y como tal le presenta a nuestro culto y a nuestra meditación.

Decíamos que san José era protector del Niño Jesús durante su vida aquí en la tierra, y protector de la Iglesia Universal.
Presten atención: San José era un trabajador. El tuvo que proteger a Jesucristo. Ustedes son trabajadores: ¿podrían cumplir la misma misión de proteger? Él le protegió en las condiciones, en las aventuras, en las dificultades de la historia evangélica. ¿Ustedes podrían defenderle y protegerle en el mundo industrial, en el mundo de los conflictos sociales, en el mundo moderno?

Quizás no pensaban que la fiesta de san José tuviera conclusiones tan inesperadas y tan directamente dirigidas a sus opciones personales, ni pensaban que fuera el Papa quien les encargase una tarea que parece propia de él o, a lo menos, más suya que de ustedes: la de defender y cuidar los intereses de Jesucristo en la sociedad contemporánea

 Preces:

  • Celebrando con devoción y fervor la fiesta de san José, esposo de la Virgen y padre de Jesús, abramos nuestros corazones a Dios con fe y digamos:
  • Por la santa Iglesia de Dios: para que respalda por el amparo de san José, pueda cumplir fielmente su misión de salvación del mundo entero.
  • Por los sacerdotes y religiosos de todo el mundo; para que imitando a san José comprendan y vivan con fidelidad su noble vocación para gloria de Dios y salud de las almas.
  • Por nuestras familias: para que imiten los ejemplos de la Sagrada Familia de Nazaret.

Oración:
Oh Dios, que en tu inefable providencia te has dignado escoger a san José Patrono de la Iglesia universal, concédenos experimentar como intercesor en el cielo a quien veneramos como protector en la tierra, por Cristo nuestro Señor. Amén.

O bien

Que el esposo de la Santísima Madre de Dios nos venga en ayuda con sus méritos y cuanto solos no podemos conseguir, lo alcancemos por su intercesión. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.


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