Primer día
Novena en preparación a la Solemnidad de san José
V. Reunidos para la celebración a esta fiesta de san José, nuestro protector, consideremos, queridos hermanos, su vocación única y sin igual como esposo de María Santísima y como padre de Jesús, y por intercesión de él pidamos al Señor poder comprender nosotros también, más profundamente nuestra vocación y misión.
Lecturas:
Mateo 1, 18-24.
18 La generación de Jesucristo fue de esta manera: Su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo.
19 Su marido José, como era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en secreto.
20 Así lo tenía planeado, cuando el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: « José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo.
21 Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. »
22 Todo esto sucedió para que se cumpliese el oráculo del Señor por medio del profeta:
23 Ved que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que traducido significa: « Dios con nosotros. »
24 Despertado José del sueño, hizo como el Ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer.
JOSÉ, HOMBRE DE DIOS: Del discurso de s.s. Juan Pablo II, 19-3-80.
Al mismo tiempo Dios confía a José el misterio, cuyo cumplimiento habían esperado desde hacia muchas generaciones la estirpe de David y toda la “casa de Israel”, y a la vez, le confía todo aquello de lo que depende la realización de este misterio en la historia del Pueblo de Dios.
Desde el momento en que estas palabras llegaron a su conciencia, José se convierte en el hombre de la elección divina: el hombre de una particular confianza. Se define su puesto en la historia de la salvación. José entra en este puesto con la sencillez y humildad, en las que se manifiesta la profundidad espiritual del hombre; y él lo llena completamente con su vida.
“Al despertar José de su sueño –leemos en Mateo-, hizo como el Ángel del Señor le había mandado” (Mt 1, 24). En estas pocas palabras esta todo. Toda la decisión de la vida de José y la plena característica de su santidad. “Hizo”. José, al que conocemos por el Evangelio, es hombre de acción.
Es hombre de trabajo. El evangelio no ha conservado ninguna palabra suya. En cambio, ha descrito sus acciones: Acciones sencillas, cotidianas, que tienen a la vez el significado límpido para la realización de la promesa divina en la historia del hombre; obras llenas de la profundidad espiritual y de la sencillez madura.
El hijo de Dios, el verbo Encarnado, durante los 30 años de la vida terrena permaneció oculto a la sombra de José.
Al mismo tiempo María y José permanecieron escondidos en Cristo, en su misterio y en su misión. Particularmente José, que como se puede deducir en el Evangelio- dejo el mundo antes de que Jesús se revelase a Israel como Cristo, y permaneció oculto en el misterio de aquel a quien el Padre celestial le había confiado cuando todavía estaba en el seno de la Virgen, cuando le había dicho por medio del ángel: “No temas recibir en esta tu casa a María, tu esposa” (Mt. 1,20).
Eran necesarias almas profundas –como Santa Teresa de Jesús- y los ojos penetrantes de la contemplación, para que pudiesen ser revelados los esplendidos rasgos de José de Nazareth: aquel de quien el Padre celestial quiso hacer, en la tierra, el hombre de su confianza.
Preces:
- Celebrando con devoción y fervor la fiesta de san José, esposo de la Virgen y padre de Jesús abramos nuestros corazones a Dios con fe y digamos.
- Por la santa Iglesia de Dios: para que respalda por el amparo de san José, pueda cumplir fielmente su misión de salvación del mundo entero.
- Por los sacerdotes y religiosos de todo el mundo; para que imitando a san José comprendan y vivan con fidelidad su noble vocación para gloria de Dios y salud de las almas.
- Por nuestras familias: para que imiten los ejemplos de la Sagrada Familia de Nazaret.
Oración:
Oh Dios, que en tu inefable providencia te has dignado escoger a san José Patrono de la Iglesia universal, concédenos experimentar como intercesor en el cielo a quien veneramos como protector en la tierra, por Cristo nuestro Señor. Amén.
O bien
que el esposo de la Santísima Madre de Dios nos venga en ayuda con sus méritos y cuanto solos no podemos conseguir, lo alcancemos por su intercesión. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
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