| Primer esquema
Dolores y gozos de San José
- Purísimo esposo de María, glorioso san José, mucho sufriste por motivo de la divina maternidad de tu esposa, pero también gozaste inmensamente cuando el ángel te reveló ser voluntad divina que te quedaras con María y le hicieras de padre a Jesús.
- Por este dolor y este gozo, consuélanos con la gracia de una vida santa y una muerte dichosa como la tuya entre Jesús y María.
- Grande Patriarca, san José, la pena que experimentaste al ver nacer a Jesús en tanta pobreza, se cambió en gozo al estrechar en tus brazos a aquel a quien los ángeles proclamaban salvador de los hombres.
- Por este dolor y este gozo, concédenos que, al terminar nuestra vida, nos podamos unir al coro de los ángeles y disfrutar para siempre de la gloria celestial.
- Glorioso san José, fiel cumplidor de la voluntad de Dios, la sangre preciosa de Jesús derramada en su circuncisión te entristeció, pero el nombre de Jesús, que le impusiste por orden divina, te colmo de alegría.
- Por este dolor y este gozo, concédenos que después de haber purificado nuestra vida de todo pecado, podamos morir invocando el santo nombre de Jesús.
- Oh santo fidelísimo, glorioso san José, que llegaste a conocer el misterio de nuestra redención, la profecía de Simeón que preanunciaba los sufrimientos que Jesús y María iban a padecer te sumió en el dolor; pero sin embargo te alegraste al conocer que por aquellos dolores las almas se salvarían.
- Por este dolor y este gozo haz que también nosotros pertenezcamos al número de aquellos que por los méritos de Jesús y la intercesión de María resucitarán para la vida eterna.
- Solícito custodio del hijo de Dios, glorioso san José, mucho tuviste que sufrir para defender y sustentar a Jesús, especialmente en la huida y permanencia en Egipto; pero también te llenaba el alma de consuelo el tener siempre a tu lado la confortadora presencia de Jesús y María.
- Por este dolor y este gozo, consíguenos que victoriosos de las insidias del mundo y de las acechanzas del demonio, en unión con Jesús y María consagremos nuestra vida al servicio de Dios y de los hermanos.
- Oh glorioso san José, protector de los hogares, tu alegría al retorno de Egipto fue conturbada por el temor de Arquelao, pero te causó mucho alivio la apacible residencia en Nazaret, donde Jesús quiso ser por ti educado a una vida de trabajo y obediencia.
- Por este dolor y este gozo, alcánzanos ser librados de todo temor y angustia, para poder así cumplir nuestros deberes en la intimidad de la familia y en el trabajo, bajo la mirada amorosa de Dios.
- Oh glorioso San José, modelo acabado de toda santidad, durante tres días con inmenso dolor buscaste a Jesús, extraviado sin culpa tuya, pero experimentaste suma alegría al encontrarlo en el templo entre los doctores.
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Por este dolor y este gozo, te suplicamos, nos ayudes a no apartarnos nunca de Jesús por el pecado, y si por nuestra desgracia le perdiésemos haz que con humildad le busquemos hasta encontrarle especialmente en nuestra muerte, para gozar contigo en el cielo.
(Después de las invocaciones se puede rezar un Padrenuestro o un Gloria; Ave y Gloria).
ORACIÓN FINAL
V. El Señor lo constituyo protector de su casa,
R. Y dispensador de todos sus bienes.
Oración
Oh san José, custodio de Jesús,
esposo purísimo de María
que viviste en el cumplimiento perfecto del deber,
sustentando con tu trabajo
a la Sagrada Familia de Nazaret,
protégenos propicio, que confiados a ti acudimos.
Tú conoces nuestras aspiraciones,
nuestras angustias y esperanzas,
a ti acudimos convencidos de tu contínua protección.
También tú viviste “las pruebas”,
la fatiga, el cansancio;
más tu ánimo lleno de profunda paz
exulto de alegría por la intimidad
con el hijo de Dios a ti confiado,
y con María su dulcísima madre.
Ayúdanos a comprender
que no estamos solos en nuestro trabajo,
que sepamos descubrir a Jesús junto a nosotros,
que le acojamos con la gracia
y le conservemos fielmente como tú lo hiciste.
Y obtén que en nuestra familia todo sea santificado en la caridad,
en la paciencia, en la justicia
y en la búsqueda del bien. Amén.
(Juan XXIII).
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