Quinto día
Novena en preparación a la Solemnidad de san José
V. Reunidos para la celebración a esta fiesta de san José, nuestro protector, consideremos, queridos hermanos, su vocación única y sin igual como esposo de María Santísima y como padre de Jesús, y por intercesión de él pidamos al Señor poder comprender nosotros también, más profundamente nuestra vocación y misión.
Lecturas:
Mateo 2, 19-23.
19 Muerto Herodes, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José en Egipto y le dijo:
20 « Levántate, toma contigo al niño y a su madre, y ponte en camino de la tierra de Israel; pues ya han muerto los que buscaban la vida del niño. »
21 El se levantó, tomó consigo al niño y a su madre, y entró en tierra de Israel.
22 Pero al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allí; y avisado en sueños, se retiró a la región de Galilea,
23 y fue a vivir en una ciudad llamada Nazaret; para que se cumpliese el oráculo de los profetas: Será llamado Nazoreo.
SAN JOSÉ, JEFE DE LA SAGRADA FAMILIA DE NAZARET: De la Encíclica “QUAMQUAM PLURIES” del Papa León XIII.
San José es esposo de María, Padre legal de Jesús. De aquí viene toda su grandeza, su gracia, su santidad y su gloria. Ciertamente, la dignidad de la Madre de Dios es grande, y nada hay de más excelso; pero ya que entre José y María hubo un estrecho vínculo conyugal, no hay duda de que junto a aquella excelsa dignidad, san José se acerca más que otro.
El matrimonio es la máxima unión y amistad, al cual, por su naturaleza, se añade la comunión de bienes. Por lo tanto, si Dios dio a san José como esposo de la Virgen, se lo dio no sólo como compañero de su vida, testigo de su virginidad, custodio del honor de María, sino para que participara, por el pacto conyugal, de su excelsa grandeza.
De aquí que el Verbo de Dios viviera sumiso a José, le obedeciera y le prestara aquel HONOR Y RESPETO, que los hijos deben para con su padre.
De esta doble dignidad, naturalmente, derivábanse aquellos deberes que la naturaleza prescribe para el Padre de familia; por lo que san José fue, al mismo tiempo, legitimo y natural custodio, jefe y defensor de la Divina Familia. José ejerció estas tareas y servicios en tanto que vivió.
Fue su empeño cuidar con sumo amor y diaria vigilancia a su hijo; les proporcionó con su esfuerzo lo necesario para la vida; les defendió de los peligros provocados por el odio de un rey. Fue compañero y custodio inseparable en las dificultades de los viajes y del exilio.
Ahora bien, la Casa de Nazaret que José gobernó con autoridad paterna, era la cuna de la Iglesia naciente. La Virgen Santísima, por ser Madre de Jesucristo, es también Madre de todos los cristianos, por ella engendrados con su participación en los sufrimientos del Redentor en el Calvario.
De esto se deduce que San José considere confiados a él mismo a la multitud de los cristianos, que conforman la Iglesia sobre la cual él, como esposo de la Virgen y padre legal de Jesús, tiene autoridad paterna.
Por lo tanto, conviene reconocer que San José protege y defiende a la Iglesia de Cristo, como un tiempo cuidaba en todo momento a la Sagrada Familia de Nazaret. Todos los cristianos de cualquier condición o estado, tienen motivo para abandonarse y confiarse a la amorosa custodia de san José..
Preces:
- Celebrando con devoción y fervor la fiesta de san José, esposo de la Virgen y padre de Jesús, abramos nuestros corazones a Dios con fe y digamos:
- Por la santa Iglesia de Dios: para que respalda por el amparo de san José, pueda cumplir fielmente su misión de salvación del mundo entero.
- Por los sacerdotes y religiosos de todo el mundo; para que imitando a san José comprendan y vivan con fidelidad su noble vocación para gloria de Dios y salud de las almas.
- Por nuestras familias: para que imiten los ejemplos de la Sagrada Familia de Nazaret.
Oración:
Oh Dios, que en tu inefable providencia te has dignado escoger a san José Patrono de la Iglesia universal, concédenos experimentar como intercesor en el cielo a quien veneramos como protector en la tierra, por Cristo nuestro Señor. Amén.
O bien
Que el esposo de la Santísima Madre de Dios nos venga en ayuda con sus méritos y cuanto solos no podemos conseguir, lo alcancemos por su intercesión. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
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