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DATOS CRONOLÓGICOS
1844 José Marello nació en Turín el 26 de diciembre.
1856 Su padre lo llevó de visita al santuario de nuestra Señora de la Misericordia en Savona ese
verano.
Ingresó al seminario de Asti el 31 de octubre.
1862 Realizó estudios comerciales en Turín.
1863 Se enfermó de Tifus en diciembre y luego se sanó milagrosamente.
1864 Reingresó al seminario de Asti el 9 de febrero.
1868 Fue ordenado sacerdote el 19 de septiembre en la catedral de Asti.
Fue nombrado secretario de Monseñor Carlos Savio, su obispo, el 21 de octubre.
1869-1870 Permaneció en Roma con su obispo para participar en el concilio Vaticano I del 21 de noviembre de 1869 hasta el verano de 1870.
1872 Fundó la Compañía de San José para laicos en octubre.
1873 Murió su padre el 17 de mayo de 1873.
1875 Viajó a Roma en septiembre para el jubileo de Pío IX.
1878 Fundó la Congregación Oblatos de San José el 14 de marzo.
1879 Fue nombrado canónigo de la catedral de Asti.
1881-1888 Ejerció la cancillería de la Curia Episcopal de Asti desde el 5 de julio de 1881 hasta 1888.
1884 Trasladó el 4 noviembre a los primeros Oblatos de San José de la Obra del Michelerio al hospicio de Santa Clara , que se convirtió en la Casa Madre de la Congregación.
1888 Fue designado obispo de Acqui el 23 de noviembre.
1889 Fue consagrado obispo en Roma el 17 de febrero y se incorporó a su diócesis el 16 junio.
1895 Murió en Savona el 30 de mayo.
ALGUNOS ASPECTOS DE SU VIDA
Retorno al Seminario
En diciembre de 1863 se enfermó gravemente de tifus. Le dijo a su padre: “Papá, yo hubiera querido continuar con los estudios para hacerme sacerdote. Tú no has querido y yo te he obedecido. Pero la Virgen viendo los peligros en los que me encuentro, ha escuchado mi oración y está por liberarme. Si tú consientes que yo siga mi camino, me curaré rápidamente, de otro modo, la Virgen me llamará a sí”.
Sacerdote
Al inicio de 1864, completamente restablecido, reinició los estudios en el Seminario y el 19 de septiembre de 1868 fue ordenado sacerdote en la Catedral de Asti. Por su inteligencia y por sus grandes capacidades prácticas, el obispo Monseñor Carlos Savio lo escogió como su secretario. Con él tuvo la oportunidad de conocer el gobierno de la diócesis, acompañándolo en todas sus visitas a las parroquias de la diócesis y en todos sus viajes.
Confesor en el seminario
En Asti, su preocupación particular era el Seminario, donde daba lecciones de catecismo. Durante dos años, entre 1881 y 1883, recibe el encargo de director espiritual y confesor de los seminaristas. De 1881 a 1889 fue también director espiritual en el Instituto Michelerio. Ya nombrado canónigo en 1881 frecuentó asiduamente la catedral para el oficio litúrgico del coro y para las confesiones.
Concilio Vaticano I
A fines de noviembre de 1869, Monseñor Carlos Savio fue a Roma para participar en el concilio Vaticano I y llevó consigo a su secretario. Se alojó en el palacio del Quirinale, por entonces residencia de los papas, y conoció al cardenal Gioacchino Pecci, futuro Papa León XIII. Monseñor Savio y el Padre Marello tuvieron un encuentro con el Papa Pío IX en audiencia privada la noche de navidad del mismo año.
Fundador
El 14 de marzo de 1878 nació la Congregación en los locales del Instituto Michelerio donde el Padre José Marello había intentado construir la prima Compañía de San José. Los primeros cuatro jóvenes iniciaron la vida común. La espiritualidad de la nueva institución se inspira en San José, en su amor a Jesús, en el escondimiento y en la laboriosidad «Cartujos en casa y apóstoles fuera de casa».
La Congregación
La nueva familia religiosa se desarrolló, humilde y desapercibida, primero en un orfanatorio y luego en un hospicio. Su labor apostólica fue la actividad pastoral en las parroquias, en las escuelas, colegios y orfanatos, en la enseñanza de la religión, en el servicio a los párrocos, en el cuidado de la juventud, en la dedicación a los más humildes.
Obispo
Su nombramiento como obispo llegó improvisadamente el 23 de noviembre de 1888. Tenía apenas 44 años. El ingreso a su diócesis tuvo lugar el 16 de junio de 1889. Su servicio episcopal en Acqui duró seis años, la muerte llegó también repentinamente el 30 de mayo de 1895, en Savona. Durante su gobierno pastoral visitó todas las parroquias. El contacto directo con la población era para él su primer deber. Por donde pasara suscitaba sentimientos de entusiasmo y de fe. En todos lados se repetía: “¡Es un santo!”.
La gloria
Las virtudes heroicas
«Mons. Marello aparece como un pastor celoso, un modelo de virtudes practicadas con heroicidad, en la simplicidad y humildad de todos los días. Amaba la vida desapercibida, aunque no podía evitar ser admirado por su carácter dulce. Hombre de grandes virtudes y de un gran amor a Dios, estaba abierto a todas las iniciativas de caridad» (juicio de los consultores de la Congregación para la causa de los santos).
SU ESPIRITUALIDAD
San José
El padre José Marello tomó como ejemplo a San José: “[…] que como el tuyo es ministerio de íntima unión con el Verbo divino”. Y también en su programa: “A quien quiera seguir más de cerca al Divino Maestro con la observancia de los consejos evangélicos, encontrará abierta la casa de San José donde, a imitación de aquel gran modelo de vida pobre y escondida, tendrá modo de hacerse verdadero discípulo de Jesucristo”.
Él decía: “Cada uno tome las propias inspiraciones de San José que fue el primero en la tierra en cuidar los intereses de Jesús; lo custodió infante, lo protegió de niño, fue su padre en los primeros treinta años de su vida en la tierra”. Resumió toda obra apostólica en esta frase: “Todos cuiden los intereses de Jesús”.
Unión con Dios
Asumió el compromiso de San Pablo, por ello su vida estuvo oculta con Cristo y en Dios. “La unión con Dios debe ser ya desde aquí en la tierra nuestro único trabajo como noviciado de aquella unión perfecta que se consumará en el cielo. Todo lo demás debe ir ordenado a esta sola”.
Mansedumbre
El esfuerzo constante lo llevaba a ser humilde, suave, y a no hablar de sí; era sonriente con todos, también en las situaciones más complicadas. Lo manifestaba en la expresión del rostro, en la delicadeza del trato y en la caridad operosa. Suave y fuerte, conquistó a todos. Cuando ingresó a la diócesis de Acqui todos admiraban su sonrisa. Clero y pueblo admitieron unánimes: “¡Tenemos un obispo santo!”.
Laboriosidad
De joven escribió: “Operosidad se me ocurre, operosidad”. Más tarde expresó, hablando del trabajo apostólico: “Trabajemos, trabajemos todos en el modo y con aquella intensidad que Dios quiere”. De una tenacidad singular que, sin mostrarse afanosa, no pierde ni un minuto de tiempo, trabaja con mucha tranquilidad y constancia. “El ruido no hace bien, y el bien no hace ruido”.
Voluntad de Dios
Su programa de vida desde joven fue “buscar y hacer la voluntad de Dios, convencido que nuestra santificación consiste en cumplir la voluntad de Dios”. Acometido por las pruebas dijo: “Como María y José en la casita de Nazaret abandonémonos al querer de Dios en todo lo que él disponga”. Y se confió al Señor en la tremenda prueba que amenazaba a su Congregación, por la cual ofreció su vida.
Juventud
El cuidado de la juventud fue una de las prioridades de su actividad sacerdotal: “[…] pobre juventud demasiado abandonada a sí misma, y después demasiado calumniada o al menos duramente juzgada en sus ligerezas […]” y se entregó a “[… ] trabajar en el mejoramiento de la juventud”.
Pobres
El padre José Marello asumió la dirección de un hospicio para enfermos. Les dedicó su corazón y los cuidados familiares, sin reservarse algo para sí. El ex monasterio de Santa Clara, Asti, llega a ser una hoguera de caridad, que se fundamentó en la ayuda cotidiana de la Providencia. A pesar de todas sus responsabilidades en la curia, escogió habitar en el hospicio entre los pobres. Algunos del clero comentaban: “Mira, podría figurar en la diócesis, e incluso hacer carrera pero ha ido a sepultarse entre los enfermos crónicos”.
María Santísima
La Virgen ocupaba un lugar insustituible en la vida del padre José Marello. A los 12 años, en el santuario de la Virgen de la Misericordia de Savona siente la primera llamada de la vocación, y allí mismo celebró su última Santa Misa. A los 19 años, en medio de una crisis, durante una enfermedad, la Virgen de la Consolata se “hace sentir” y lo condujo de nuevo al camino del sacerdocio. A ella se confió y propagaba su devoción, dando ejemplo con el rezo diario del santo rosario. La veneraba especialmente como la Inmaculada y la Dolorosa: “Oh María, nos gusta mirarte en el cielo, coronada de gloria, reina de los ángeles, soberana de todos los elegidos, dispensadora de todas las gracias. Pero nos parece que aquella grandeza es un obstáculo a tu compasión a nosotros; nosotros amamos más contemplarte como reina de los dolores, al pie de la cruz de tu hijo. Nos encontramos en un valle de lágrimas y nuestro corazón encuentra mayor consolación reposando en tu corazón desolado, oh María”. |