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  San José


Segundo día

Novena en preparación a la Solemnidad de san José

V. Reunidos para la celebración a esta fiesta de san José, nuestro protector, consideremos, queridos hermanos, su vocación única y sin igual como esposo de María Santísima y como padre de Jesús, y por intercesión de él pidamos al Señor poder comprender nosotros también, más profundamente nuestra vocación y misión.
Mateo 1; 18-21. 24-25.
18 La generación de Jesucristo fue de esta manera: Su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar  a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo.
19 Su marido José, como era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en secreto.
20 Así lo tenía planeado, cuando el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: « José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo.
21 Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.
24 Despertado José del sueño, hizo como el Ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer.
25 Y no la conocía hasta que ella dio a luz un hijo, y le puso por nombre Jesús.

JOSÉ, ESPOSO FIEL: del discurso de S.S. Juan Pablo II, 19-3-80.
“José, hijo de David, no temas recibir en tu casa a María, tu esposa, pues lo concebido en ella es obra del Espíritu Santo. Dara a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús, porque salvará al pueblo de sus pecados (Mt. 1, 20-21).

Encontraremos estas palabras en el capítulo primero del Evangelio según Mateo. Ellas –sobre todo en la segunda parte- son muy semejantes a la que escuchó Miriam, esto es, María, en el momento de la Anunciación. Dentro de unos días el 25 de Marzo, recordaremos en la liturgia de la Iglesia el momento en que esas palabras fueron dichas en Nazareth “a una virgen desposada con un varón de nombre José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María” (Lc. 1,27).

La descripción de la Anunciación se encuentra en el Evangelio según Lucas.
Seguidamente, Mateo hace notar de nuevo que, después de las nupcias de María con José, “antes de que conviviesen, se hallo haber concebido María del Espíritu Santo” (Mt. 1, 18).

Así, pues, se realizó en María el misterio que había tenido su comienzo en el momento de la Anunciación, en el momento en que la Virgen respondió a las palabras de Gabriel: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra” (Lc. 1, 38).
A medida que el misterio de la maternidad de María se revelaba a la conciencia de José, él, “siendo justo, no quiso denunciarla y resolvió repudiarle en secreto” (Mt. 1, 19), así dice a continuación la descripción de Mateo.

Y precisamente entonces, José, esposo de María y ya su marido ante la ley, recibe su “Anunciación” personal.
Oye durante la noche las palabras que hemos citado antes, las palabras que son explicación y al mismo tiempo invitación de parte de Dios: “no temas recibir en la casa a María” (Mt. 1, 20).

Sin embargo, la Iglesia ha sido siempre consciente, y lo es hoy especialmente, de cuan fundamental ha sido la vocación de ese hombre, del esposo de María, de aquel que, ante los hombres, pasaba por el padre de Jesús y que fue, según el Espíritu, una encarnación perfecta de la paternidad en la familia humana y al mismo tiempo sagrado.

Bajo esta luz, los pensamientos y el corazón de la Iglesia, su oración y su culto, se dirigen a José de Nazaret. Bajo esta luz el apostolado y la pastoral encuentran en él un apoyo para ese amplio y simultáneamente fundamental campo que es la vocación matrimonial y de los padres, toda la vida en familia, llena de la solicitud sencilla y servicial del marido por la mujer, del padre y de la madre por los hijos –la vida en la familia- , en esa “Iglesia más pequeña” sobre la cual se construye cada una de las Iglesias.

Y puesto que en el corriente año nos preparamos para el Sínodo de los Obispos, cuyo tema es “De muneribus familiae christianae”, sentimos tanto más la necesidad de la intercesión de san José y de su ayuda en nuestros trabajos.
La Iglesia, que como sociedad del Pueblo de Dios, se llama a sí misma también la Familia de Dios, ve igualmente el puesto singular de san José en la relación con esta gran Familia, y lo reconoce como su Patrono particular.

Esta meditación despierte en nosotros la necesidad de la oración por intercesión de aquel en quien el Padre celestial ha expresado, sobre todo la tierra, toda la dignidad espiritual de la paternidad. La meditación sobre su vida y las obras, tan profundamente ocultas en el misterio de Cristo y, a la vez, tan sencillo y límpido, ayude a todos a encontrar el justo valor y la belleza de la vocación, de la que cada una de las familias humanas saca su fuerza espiritual y su santidad.

Preces:

  • Celebrando con devoción y fervor la fiesta de san José, esposo de la Virgen y padre de Jesús abramos nuestros corazones a Dios con fe y digamos.
  • Escúchanos, Señor
  • Por la santa Iglesia de Dios: para que respalda por el amparo de san José, pueda cumplir fielmente su misión de salvación del mundo entero.
  • Por los sacerdotes y religiosos de todo el mundo; para que imitando a san José comprendan y vivan con fidelidad su noble vocación para gloria de Dios y salud de las almas.
  • Por nuestras familias: para que imiten los ejemplos de la Sagrada Familia de Nazaret.

Oración:
Oh Dios, que en tu inefable providencia te has dignado escoger a san José Patrono de la Iglesia universal, concédenos experimentar como intercesor en el cielo a quien veneramos como protector en la tierra, por Cristo nuestro Señor. Amén.

O bien

Que el esposo de la Santísima Madre de Dios nos venga en ayuda con sus méritos y cuanto solos no podemos conseguir, lo alcancemos por su intercesión. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.


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