| Sexto día
Novena en preparación a la Solemnidad de san José
V. Reunidos para la celebración a esta fiesta de san José, nuestro protector, consideremos, queridos hermanos, su vocación única y sin igual como esposo de María Santísima y como padre de Jesús, y por intercesión de él pidamos al Señor poder comprender nosotros también, más profundamente nuestra vocación y misión.
Lecturas:
Lucas 2, 41-51.
41 Sus padres iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua.
42 Cuando tuvo doce años, subieron ellos como de costumbre a la fiesta
43 y, al volverse, pasados los días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo su padres.
44 Pero creyendo que estaría en la caravana, hicieron un día de camino, y le buscaban entre los parientes y conocidos;
45 pero al no encontrarle, se volvieron a Jerusalén en su busca.
46 Y sucedió que, al cabo de tres días, le encontraron en el Templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y preguntándoles;
47 todos los que le oían, estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas.
48 Cuando le vieron, quedaron sorprendidos, y su madre le dijo: « Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando. »
49 El les dijo: « Y ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre? »
50 Pero ellos no comprendieron la respuesta que les dio.
51 Bajó con ellos y vino a Nazaret, y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón.
SAN JOSÉ, UNA VIDA AL SERVICIO DE JESÚS Y MARÍA: Del discurso del Papa Pablo VI, 19 de Marzo, 1966.
La luz evangélica de san José, quien más que otro conoció, sirvió y protegió los misterios de la infancia de Cristo y de su Madre Inmaculada, nos invita a penetrar el sentido profundo, a gustar el designio divino, a observar la virtud cristiana y a aceptar las debidas consecuencias.
Como la lámpara doméstica que difunde una luz modesta y tranquila y providencial e íntima aleja a las sombras de la noche, invita a la vigilia penosa y laboriosa, reconfortando el aburrimiento del silencio y el temor a la soledad, y que parece que con su voz suave y segura habla del amanecer que está por llegar; así la luz de la piadosa figura de san José, nos parece, difunde sus rayos benéficos en la casa de Dios, hecho Hombre por nosotros y que como nosotros vivió bajo la protección, la guía y la autoridad del pobre artesano de Nazaret. Esta luz ilumina el gran ejemplo que caracteriza a san José por la comunión de vida con Jesús y con María; su servicio por amor.
Este es el secreto de la grandeza de san José que bien se adecúa a su humildad: el haber transformado su vida en un servicio, un sacrificio para el misterio de la Encarnación y la misión redentora que esta anexa.
El haber utilizado su autoridad legal, que a él le tocaba sobre la Sagrada Familia, para hacerle entrega total de sí. De su corazón y de su capacidad en el amor al servicio del Mesías, crecido en su casa, su Hijo legal e Hijo de David, pero en realidad, Hijo de Dios e Hijo de María.
Si a alguien se le puede atribuir esta característica evangélica de “servir por amor”, a San José debemos atribuirla, de manera de verle completamente revestido de ella. “Servir por amor” es una característica que le define, el esplendor que le glorifica. Servir a Cristo fue su vida, servirle en la humildad más profunda, en la entrega más total; servirle con amor y por amor.
Preces:
- Celebrando con devoción y fervor la fiesta de san José, esposo de la Virgen y padre de Jesús abramos nuestros corazones a Dios con fe y digamos.
- Escúchanos, Señor
- Por la santa Iglesia de Dios: para que respalda por el amparo de san José, pueda cumplir fielmente su misión de salvación del mundo entero.
- Por los sacerdotes y religiosos de todo el mundo; para que imitando a san José comprendan y vivan con fidelidad su noble vocación para gloria de Dios y salud de las almas.
- Por nuestras familias: para que imiten los ejemplos de la Sagrada Familia de Nazaret.
Oración:
Oh Dios, que en tu inefable providencia te has dignado escoger a san José Patrono de la Iglesia universal, concédenos experimentar como intercesor en el cielo a quien veneramos como protector en la tierra, por Cristo nuestro Señor. Amén.
O bien
Que el esposo de la Santísima Madre de Dios nos venga en ayuda con sus méritos y cuanto solos no podemos conseguir, lo alcancemos por su intercesión. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
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